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Las instalaciones eléctricas tienen un periodo de durabilidad? En Relsamex tenemos lo necesario en equipo y material eléctrico de media y alta tensión.

Todo por servir se acaba, reza el dicho, que aplicado a una instalación eléctrica implica más que sólo sabiduría popular. Tener en casa, en la oficina o en la industria equipo eléctrico deteriorado es tan peligroso que resulta impermisible. Basta, para evitar que suceda, tener claro el tiempo de vida útil de la instalación, el cual está determinado tanto por factores técnicos como fiscales.

Como cualquier otro bien o medio de producción, la instalación eléctrica tiene un tiempo de vida útil, determinado por variables técnicas o fiscales. Es común que el responsable (administrador) o usuario de la instalación eléctrica se cuestione sobre su tiempo de duración, para realizar la sustitución antes de que se convierta en un peligro o sea obsoleta, a fin de evitar gastos innecesarios y obtener la máxima utilidad posible.

Como se mencionó, la vida útil de un activo está determinada por dos factores. Desde el punto de vista fiscal, la Ley del Impuesto sobre la Renta (LISR) define la vida útil como la duración esperada del bien, lo que hace referencia al tiempo en que se deprecian activos como maquinaria, equipo de transporte, equipo informático, inmuebles e instalaciones de distintos tipos.

Desde el punto de vista técnico, las variables principales que determinan la vida útil son la intensidad de uso, las condiciones atmosféricas, la calidad de los materiales empleados, los accidentes mecánicos y eléctricos, la calidad de la mano de obra de ejecución y mantenimiento y la obsolescencia por nuevos desarrollos tecnológicos. En ambos casos, la vida útil del bien comienza a cuantificarse en el momento de su incorporación al proceso de producción.

Vida fiscal

Toda empresa, para poder desarrollar (operar) su objeto social, requiere bienes (activos fijos). Estos activos sufren pérdida de valor debido a su uso y desgaste, por obsolescencia debido a cambios en el diseño o por el desarrollo de nuevas tecnologías. A la pérdida de valor de un activo por el uso o el transcurso del tiempo se le conoce, contablemente, como depreciación. La vida útil del activo se determina basándose en experiencia con bienes similares, en cálculos que figuren en publicaciones especializadas, en opiniones de ingenieros o con base en estimaciones.

Algunos activos, o parte de ellos, por su naturaleza, ambiente de operación o intensidad de uso, pueden tener mayor vida útil que otros. La vida útil de un activo puede extenderse con reparaciones, adiciones o actualizaciones.

La LISR establece los porcentajes máximos de depreciación y amortización, permitiendo aplicar porcentajes menores a los que establece. Por ejemplo, en su artículo 25 menciona que los contribuyentes podrán efectuar deducciones sobre sus inversiones, entendidas como la adquisición, instalación, puesta en marcha de equipo y maquinaria de operación eléctrica, con objeto de obtener una utilidad económica. En este sentido, la instalación de maquinaria es deducible, tanto contable como fiscalmente, dado que es parte del equipo generador de la riqueza.

El artículo 31, por su parte, establece las bases para la deducción: “Las inversiones únicamente se podrán deducir mediante la aplicación, en cada ejercicio, de los porcientos máximos autorizados por esta Ley, sobre el monto original de la inversión”. Para este caso, el costo del bien incluye fletes, almacenaje, instalación y montaje y toda erogación necesaria hasta la puesta del bien en condiciones de uso.

Durabilidad operativa

Fiscalmente, a la instalación eléctrica se le asigna el tiempo de vida que la LISR permite, de acuerdo con su destino. Una instalación para alumbrado y contactos tendrá una vida media esperada de 20 años (artículo 33 de la LISR), mientras que para el alimentador de una central telefónica se puede asignar una duración de cuatro años (artículo 34 de la LISR).

Sin embargo, los componentes individuales de la instalación pueden tener un tiempo de vida diferente, dependiendo de sus propiedades físicas, mecánicas y eléctricas, de sus condiciones de uso, del mantenimiento que se les brinde y de las condiciones atmosféricas a las que están sometidos.

La falta de mantenimiento oportuno es uno de los principales rasgos que actúan en detrimento de la vida útil de los activos. Un ejemplo de esto son los falsos contactos. Este tipo de situaciones eleva la temperatura de operación de algunos componentes, aunque sus efectos adversos pueden disminuirse mediante revisión y mantenimiento periódico.

Cuando no se ha detectado a tiempo y el equipo resulta perjudicado, debe reemplazarse. Cualquier elemento de la instalación que pierde sus propiedades iniciales se tiene que sustituir, debido a que su desempeño se ve afectado y puede implicar un problema de seguridad. El cableado que concluye su tiempo de vida útil también debe ser reemplazado; sin embargo, esta reparación no incrementa el tiempo de vida esperado de la instalación general.

Respecto de las condiciones atmosféricas, algunas de ellas deterioran con mayor rapidez algunos elementos de la instalación. Un proceso de verificación del estado físico, mecánico y eléctrico, como el que se indica en la norma NMX-J-604-ANCE-2016, permite evaluar el estado general de la instalación y tomar medidas correctivas. El resultado puede, incluso, reasignar nuevos valores de tiempo de vida esperado para contablemente imponerle valores monetarios.

Es importante resaltar que aunque la instalación eléctrica es parte del precio final del equipo, las reparaciones o acciones de mantenimiento o conservación realizadas sobre ella no incrementan el tiempo de vida útil fiscal.

Ahora bien, cuando se lleva a cabo la remodelación de los espacios productivos o se cambia su propósito, es recomendable también sustituir la instalación eléctrica para que cumpla con las nuevas necesidades. Las características de la instalación y la demanda de energía no siempre son las mismas para aplicaciones diferentes; entonces, se trata de evitar “parches” en la instalación e inseguridad en el uso de la energía eléctrica.

Además de los aspectos mencionados, una instalación eléctrica mal ejecutada, mal mantenida, olvidada o con elementos deteriorados por el tiempo o el uso se convierte en una amenaza para los usuarios, su contenido y el inmueble. Cuando se presenta esta situación, es necesario restituir la instalación a sus condiciones originales de seguridad, sustituyendo elementos que la hayan perdido o se encuentren dañados. A pesar de que realizar estas acciones es absolutamente necesario para garantizar la seguridad del inmueble y la salvaguarda de las personas, debe recordarse que no incrementa el tiempo de vida esperado de la instalación.

Al realizar ese tipo de ajustes, es necesario actualizar la seguridad, de acuerdo con modificaciones normativas o nuevos desarrollos tecnológicos, e incrementarla siempre que sea posible. En este caso, el tiempo de vida esperado puede incrementarse, de acuerdo con la actualización realizada.

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